Resumen
Hace mucho tiempo, en un pueblo en la frontera, vivían un anciano y su hijo. El caballo castaño que el anciano tenía era inteligente y fuerte, y los habitantes del pueblo lo envidiaban.
Un día, cuando el anciano fue al establo, se extendió por todo el pueblo la noticia: "¡El caballo ha escapado!" Los aldeanos se preocuparon y dijeron: "Qué pena. No puedo creer que ese caballo ya no esté."
El anciano respondió con calma: "No se preocupen. Seguramente habrá algo bueno que sucederá."
Días después, el anciano sintió que el relincho de su caballo venía del bosque. Cuando fue a ver, se sorprendió al ver que el caballo estaba junto a unos caballos salvajes. "¡Increíble, hay 11 caballos!" exclamaron los aldeanos asombrados.
Los aldeanos dijeron: "¡Eres afortunado! Ahora eres el más rico del pueblo."
Sin embargo, el anciano dijo en voz baja: "Esto no significa que seré feliz. Tal vez suceda algo malo."
El hijo tuvo ganas de montar los caballos salvajes y finalmente logró montar uno. "¡Vamos, vamos!" exclamó mientras lo azotaba, pero el caballo se descontroló y el hijo fue arrojado al suelo. "¡Ay!" gritó mientras se rompía un hueso.
Los aldeanos dijeron: "Qué mal le ha ido, pobre hijo." Pero el anciano respondió con calma: "No me preocupa mi hijo. Puede que haya algo bueno en esto."
Semanas después, estalló una guerra con el país vecino y todos los jóvenes del pueblo fueron reclutados para la batalla. Sin embargo, el hijo del anciano fue el único que se salvó, siendo excusado con un "Está bien que regreses a casa." "No, no seré un sirviente."
La guerra fue feroz y muchos jóvenes perdieron la vida. Los aldeanos comentaron: "¡Qué anciano afortunado! Su hijo seguramente se recuperará de su herida."
Así, el anciano siempre permaneció calmado, y como dice el dicho "en la vida, todo es incierto", nos enseñó que la fortuna cambia.
















































