Resumen
Érase una vez un vendedor de té que recorría la ciudad vendiendo su nuevo té. Gritaba: "¡Té nuevo, té nuevo, ¿quién quiere té nuevo?". Detrás de él, había un anticuario que decía: "¡Antigüedades, antigüedades, ¿quién quiere antigüedades?". La gente del pueblo estaba confundida y no sabía cuál comprar.
El vendedor de té le dijo al anticuario: "Oye, si tú dices 'viejo, viejo', no voy a poder vender mi té nuevo". Entonces, el anticuario le respondió: "¡Qué tontería! ¡Yo solo vendo antigüedades, así que a mí no me importa tu venta!".
Así, comenzaron a discutir y finalmente a pelear. En ese momento, llegó un comerciante de oro y los detuvo. "¿Qué está pasando? Cuéntame la razón".
El vendedor de té y el anticuario expusieron sus problemas. El comerciante de oro dijo: "Tengo una buena idea. ¡Vamos a trabajar juntos!".
El vendedor de té iba al frente gritando: "¡Té nuevo, té nuevo, ¿quién quiere té nuevo?". El anticuario lo seguía diciendo: "¡Antigüedades, antigüedades, ¿quién quiere antigüedades?". Y, al final, el comerciante de oro decía: "¡Oro, oro, ¿quién quiere oro?".
Así, el té nuevo, las antigüedades y el oro se vendieron cada vez más, y los tres pudieron colaborar y vender juntos en armonía.


















































