Resumen
Hace mucho tiempo, en una aldea pesquera, existía una leyenda que decía: "No salgas en barco la noche de Obon". Los ancianos valoraban esa advertencia, pero los jóvenes se reían y decían: "Eso es solo una superstición".
En una noche de Obon, varios jóvenes pescadores salieron en su pequeño barco. "¡Vamos a lanzar las redes!" se reían mientras se adentraban en el mar. Sin embargo, en ese momento, de repente, se comenzaron a acumular nubes negras en el cielo.
"¿Qué es esa nube?" preguntó uno, señalando. Entonces, una voz inquietante resonó: "¡Espera!"
"¡Apúrate, regresa a la orilla!" gritó uno. Los pescadores sintieron miedo mientras apresuradamente levantaban las redes, pero las nubes cambiaron de forma y se transformaron en un gran barco.
"¡No hay nadie aquí!" dijo uno con preocupación. En ese momento, una voz de fantasma del barco llegó a sus oídos: "¡Dame un red de pesca!"
Los jóvenes, aterrados, temblaron de miedo y gritaron: "¡Ayúdanos, es un fantasma del barco!" En ese momento, una mano blanca del fantasma rodeó el pequeño barco y susurró siniestramente: "¿Por quién debería empezar?"
"¡Ocúltenlo! ¡La red de pesca!" gritaron los jóvenes. Resistieron con todas sus fuerzas, pero uno de ellos, dominado por el miedo, tiró la red de pesca al mar. "¿Por qué hiciste eso?" gritó otro joven.
Entonces, un solo red de pesca se multiplicó en miles, y los fantasmas del barco la agarraron y comenzaron a sacar agua. "¡Detente, es un fantasma del barco!" gritaron desesperados los jóvenes. El pequeño barco estaba a punto de ser arrastrado al mar.
En ese momento, en la playa, se encendió una hoguera de bienvenida y resonó una voz: "¡Ustedes, fantasmas del sur, cálmense!"
El dueño de la voz continuó: "Nosotros somos los fantasmas de los pescadores fallecidos en el mar. Ustedes son como nosotros. ¡Dejen de jugarles malas pasadas a los vivos y desaparezcan!"
Las palabras poseían un poder misterioso, y la mano blanca fue absorbida por la antorcha del barco, y el barco de los fantasmas desapareció mar adentro.
Los pescadores regresaron sanos y salvos a la orilla y grabaron esa experiencia en sus corazones, sin olvidarla. "De ahora en adelante, escucharemos a los ancianos", dijeron, llevando la lección en su interior.

















































