Resumen
Legado escalofriante
Un día, en una pequeña aldea, murió un anciano de mala reputación llamado Yamada. Durante su vida, trató fríamente a los aldeanos y casi nunca mostró amabilidad. Al enterarse de la noticia, los aldeanos sintieron un pequeño alivio y no se congregó mucha gente en su funeral. Nadie lo extrañaba. Sin embargo, Yamada dejó un legado: que le pusieran un "edredón" reconfortante sobre su cuerpo helado como una piedra.
Los aldeanos, siguiendo su última voluntad, llevaron un edredón que casi no habían usado a la morgue de Yamada. Sin embargo, todos pensaron: "No se puede poner un edredón a una piedra" y dudaron. Al final, el edredón quedó desparramado alrededor de Yamada, moviéndose descuidadamente con el viento. Mientras tanto, en la aldea se consideraba normal mantener una actitud fría hacia aquel anciano.
Una noche, cuando la aldea estaba envuelta en niebla, el espíritu de Yamada apareció. "¿Dónde está mi edredón!" gritó. Los aldeanos, alarmados, respondieron: "¡Pero tú, cuando estabas vivo, nunca le pusiste un edredón cálido a nadie, cierto?" Sin embargo, Yamada los acusó atónito: "¡Todavía no estoy muerto! ¿Por qué no me ponen el edredón? ¡Es como si estuviera en una jaula de pájaros!"
La queja del fantasma de Yamada caló hondo en el corazón de los aldeanos. Sin embargo, ellos aguantaron la risa y dijeron: "¿Estás esperando el momento de la penitencia o acaso sigues vivo después de muerto? Pero, como no se puede poner un edredón a una piedra, no hay nada que hacer". Con esas palabras, Yamada rió vacíamente y luego desapareció en silencio. En el corazón de los aldeanos no quedó ni simpatía ni remordimiento hacia él.














