Resumen
La lección del rico y el cenicero
En una ciudad vivía un comerciante muy rico, el señor Tanaka. Se dedicaba intensamente a acumular dinero y obtenía beneficios de todas las maneras que se le ocurrían. Su imagen era como un cenicero lleno de colillas, y poco a poco, a su alrededor, empezaron a surgir voces de descontento. Se rumoraba: “Cuanto más dinero acumula, más tacaño se vuelve y más nos menosprecia”.
Una noche, el señor Tanaka decidió salir a disfrutar de una costosa cena en el mejor restaurante de la ciudad. Escogió los platillos más lujosos del menú del día y miraba a las personas a su alrededor con desdén. Sin embargo, en cuanto dio un bocado, el chef que había preparado la comida se dirigió a él con ironía: “Esto es lo más adecuado para usted”. El chef, en secreto, le había servido un plato mal preparado para burlarse de su actitud arrogante. En ese momento, el señor Tanaka se dio cuenta de que su obsesión por el dinero había llevado a que la gente lo despreciara.
Sin reflexionar sobre su comportamiento, el señor Tanaka decidió continuar con su comida. De repente, un mendigo vestido con harapos apareció frente al restaurante. “Por favor, si es posible, dame un poco de dinero”, pidió. El señor Tanaka lo miró y respondió: “Es más importante trabajar duro por lo que uno gana. No le voy a dar dinero a alguien como tú”, y lo ignoró. Sin embargo, el mendigo sonrió y dijo: “Quien puede acumular dinero, al final no puede salvarse a sí mismo”.
Esa noche, el señor Tanaka soñó que el dinero que había acumulado se volvía cada vez más pesado, hasta que finalmente lo aplastaba. Al despertar, no podía olvidar las palabras del mendigo que resonaban en su corazón. Al día siguiente, decidió hacer una gran inversión y vender sus propios artículos de aventura. Sin embargo, siempre veía esa imagen de cenicero y se volvió a preguntar: “¿Realmente dependo solo de ganar este dinero?”.












