Resumen
La música y la fiesta de los ricos
Érase una vez un comerciante adinerado llamado Anatole. Tenía una gran fortuna y era conocido como un prominente miembro de la sociedad. Un día, Anatole decidió organizar una gran fiesta e invitó a personas de toda la ciudad. La festividad contaba con lujosos banquetes y hermosas decoraciones, y todos estaban emocionados por el evento. Sin embargo, lo que realmente disfrutaba de corazón era el hecho de ser el anfitrión de la fiesta y de controlar todo lo que sucedía.
Cuando comenzó la fiesta, Anatole hizo llamar a la orquesta que había seleccionado. Les ordenó: "¡Toquen música maravillosa de acuerdo a mis peticiones!". La orquesta comenzó a tocar melodías brillantes a su antojo, pero gradualmente la música se fue apagando, perdiendo el interés del público. Aun así, Anatole seguía exhibiendo su lujo de manera constante.
En ese momento, un pobre campesino del pueblo, que asistía a la fiesta, se acercó silenciosamente a la orquesta. "Lo que realmente queremos escuchar es música que llegue al corazón", dijo. Entonces, Anatole se enojó y, descortésmente, le respondió: "El que paga puede pedir la música. Tú no tienes ese derecho".
El campesino sonrió y sacó de su bolsillo una pequeña moneda de plata. "Puede que esta moneda sea poco, pero quisiera que escucharan mi solicitud desde el corazón", pidió a la orquesta. La orquesta dudó por un momento, pero al final se sintieron conmovidos por la sinceridad del campesino y decidieron tocar su petición. De repente, fluyó una melodía simple y conmovedora, y la fiesta cambió por completo. La gente, ya aburrida del lujo de Anatole, sintió que la interpretación del campesino trajo un aire fresco al evento. Todos quedaron cautivados por la melodía, olvidando por completo la presencia de Anatole.
Anatole se sintió alienado de la escena que había creado y se dio cuenta de que, aunque poseía riqueza, no podía dominar los corazones de las personas. Esa noche, el campesino demostró el poder de la música con su pequeña moneda, y Anatole comprendió la verdad detrás de la frase "el que paga puede pedir la música". El dinero por sí solo no puede mover los corazones de las personas. Esta fiesta le enseñó la importancia de la música y que lo que realmente resuena en el corazón no se puede comprar con dinero.












