Resumen
Los saludos son los dioses del tiempo
Un día, en un pequeño izakaya del pueblo, dos hombres estaban en medio de una acalorada discusión. Uno se autodenominaba inversor profesional, mientras que el otro era una ama de casa que operaba un escondido restaurante de ramen desde su hogar. El inversor gritaba: "¡Tu ramen está disminuyendo su valor de mercado!" y la ama de casa replicaba: "¡Tu forma de gastar dinero es demasiado desperdicio!" Los demás clientes, entre la espuma de la cerveza, observaban tranquilamente y se reían de su pelea.
Cuando el alboroto alcanzó su punto culminante, de repente, la puerta del izakaya se abrió y entró un extraño. Vestía de pies a cabeza de negro y tenía una sonrisa burlona en el rostro. Se presentó diciendo: "Yo soy el mediador" y se interpuso entre los dos. Los clientes del izakaya estaban intrigados por su presencia y esperaban, en un sentido literal, a un "dios".
El hombre se dirigió primero al inversor y le dijo: "Si tu ramen es malo, deberías cobrarle a la ama de casa por las pérdidas de tu inversión. Los negocios siempre conllevan riesgos. Y tú, ama de casa, si tu sopa está aguada, ¡deberías usar ingredientes lujosos con el dinero del inversor!" La broma del hombre llenó el izakaya de sonrisas y la tensión se disipó.
Sin embargo, la verdadera intención del hombre no era solo mediar. De hecho, tenía la intención de avivar la disputa entre los dos y luego retirarse para beneficiarse de ello. Esa noche, robó la receta secreta del restaurante de ramen y le propuso al inversor: "Comencemos un nuevo negocio juntos". Así, en el izakaya envuelto en risas negras, la mediación verbal dio lugar a un nuevo escándalo.









