Resumen
La ciudad de los agujeros
En un pequeño pueblo, los habitantes vivían día a día con el estrés y las preocupaciones. El alcalde que gobernaba la ciudad siempre se comportaba de manera alegre y lanzaba políticas de forma continua, pero no prestaba atención a la voz del corazón de los habitantes. Un día, de repente, apareció en la plaza del pueblo un artesano especializado en hacer agujeros, llamado Takeru.
Takeru dijo: "¿Qué tal si desahogan sus inquietudes y cosas difíciles en este agujero?" Los habitantes, sorprendidos por su propuesta, inicialmente se mostraron dudosos, pero pronto comenzaron a interesarse. Empezaron a pensar que tal vez al enterrar los sentimientos que habían acumulado en su interior en un agujero real, podrían sentirse un poco mejor.
Cada día, los habitantes acudían a excavar agujeros y verbalizaban sus preocupaciones y quejas, arrojándolas dentro. Entonces, de manera misteriosa, comenzaron a sentirse más ligeros y las sonrisas comenzaron a aumentar. Lo que realmente deseaban no era solo desahogarse, sino empatizar unos con otros. Así, la gente del pueblo comenzó gradualmente a cavar otro agujero, iniciando un nuevo intento para enterrar juntos sus preocupaciones.
Sin embargo, el alcalde, al ver esta situación, frunció el ceño. Pensando que "no era el momento para que los habitantes entiendan y enterren sus pensamientos. Deben vivir con más orgullo", intentó tapar el agujero. Sin embargo, dado que la gente del pueblo ya estaba conectada a través de sus propias voces, sus palabras no resonaron, y, por el contrario, el alcalde comenzó a sentirse solo. A través de la enseñanza de la expresión "cavar un agujero y decir lo que piensas", los habitantes aprendieron a valorar la voz de su corazón.









