Resumen
La llamada de Dios
Un día, un niño llamado Taro que vivía en una pequeña aldea estaba a punto de llegar tarde a la escuela. Aún medio adormilado, se apresuró a devorar su desayuno, metió los libros de texto en su mochila y salió corriendo. Sin embargo, al intentar apresurarse por el camino del pueblo, de repente fue perseguido por un gran perro. "¡Ayuda!" gritó Taro, pero nadie vino en su ayuda. En ese momento, se le ocurrió: "¡Voy a pedir ayuda a Dios!".
Taro sacó un antiguo amuleto de su bolsillo y, dirigiéndose a Dios, oró en voz alta: "¡Por favor, sálvame de este perro!" Y, de manera misteriosa, en ese instante, el perro se detuvo en seco y abrió los ojos como platos. Como si una máquina se hubiera detenido, el perro no se movió, y Taro pudo escapar rápidamente. "¡¿Es este el poder de la oración?!" se emocionó el niño.
Al llegar a la escuela, Taro compartió su experiencia con sus amigos. "¡Me persiguió un perro, pero cuando pedí ayuda a Dios, realmente fui salvado!" Todos sus amigos se sorprendieron, pero al mismo tiempo respondieron: "¿No fue solo una coincidencia?". Taro, sintiéndose triste y agachando la cabeza, aunque en su corazón seguía creyendo en el poder de Dios.
Días después, Taro se encontraba nuevamente nervioso antes de un examen. El día anterior, no había estudiado en absoluto, y necesitaba encontrar una manera de aprobar. De nuevo, oró a Dios: "¡Por favor, ayúdame a estudiar!". Sin embargo, esa noche, en un sueño, apareció, sorprendentemente, ¡el mismo perro! "Pediste ayuda, pero debes estudiar por ti mismo", dijo suavemente el perro. Taro, sorprendido, se despertó y comenzó a estudiar. Y el día del examen, agradeciendo en su corazón a Dios y al perro, logró aprobar.
Así, Taro se dio cuenta de que "pedir a Dios en tiempos difíciles" no era solo una coincidencia, sino que el esfuerzo personal era importante. Comprendió que no solo debía confiar en Dios, sino también en su propia fuerza, y que eso era lo que verdaderamente lo ayudaría.





