Resumen
El vecino infeliz y yo feliz
Había una vez un hombre llamado Tanaka que vivía en un pequeño pueblo. Era una persona que no se preocupaba en absoluto por lo que le pasara a los demás, siempre y cuando obtuviera su propio beneficio. Cada mañana le gustaba leer el periódico en el parque del vecindario mientras observaba a su vecino Sato cuidar su jardín. Sato se dedicaba con fervor a desherbar, pero la típica rumorología decía que todos preferían que él no viniera ese día.
Un día, Tanaka de repente se le ocurrió una idea: “¡Ya sé, voy a hacerle una travesura al jardín de Sato!”. Entonces, en medio de la noche, se coló en su jardín y desarraigó todas las flores para arruinar su trabajo. A la mañana siguiente, Sato apareció con una expresión de asombro en su rostro, murmurando: “¿Por qué me ha pasado esto?”. Mientras tanto, Tanaka disfrutaba de la situación, relajándose en su propio jardín.
Sin embargo, el destino tomó un giro inesperado. Sato, indignado porque su trabajo había desaparecido, comenzó a quejarse a gritos por todo el pueblo. Temiendo que su mala acción fuera descubierta, Tanaka se sintió obligado a unirse a Sato en una aventura para encontrar al culpable. Al ver a Sato disfrutar como un niño, Tanaka sintió que algo no estaba bien, pero al mismo tiempo siguió ideando maneras de ocultar su maldad.
Finalmente, Tanaka logró hacerse pasar por un nuevo amigo de Sato, pero irónicamente, eso le valió la confianza de Sato. En lugar de sentirse culpable por la tragedia de su vecino, Tanaka vivió días de tranquilidad, disfrutando de su felicidad a expensas del infortunio ajeno. Así, su vida cotidiana se llenó de felicidad que surgía de la desdicha de los demás. “Los hombres son malos, pero nosotros somos buenos”, pensó Tanaka, agradeciendo de todo corazón este sistema que le traía satisfacción.













